Alarmante noticia en diario Clarín: para tomar conciencia

Cifras que alarman:
El 16% de los intoxicados que ingresan a la guardia de Toxicología del Hospital Fernández tiene de 11 a 20 años.
El 30% de los que son atendidos en la misma guardia tiene entre 21 y 30 años.
El 4,7 personas por día entraron en 2007 a Toxicología del Fernández.
En 2006 ingresaron 4 por día.
El artículo en Clarín dice:
Llegan a las guardias desarmados en los brazos de alguien, tan intoxicados que a muchos, en el paréntesis de diversión que abren y cierran durante el fin de semana, se les va la vida. Otros llegan apuñalados o heridos de bala y, detrás de todos, la misma constante: el abuso, mucho más del alcohol que de las drogas ilegales. La semana pasada, en las "Primeras Jornadas sobre Políticas Públicas en materia de drogas", el ministro de Justicia y Seguridad de la Nación, Aníbal Fernández, dijo que un 5% de quienes consumen drogas en el país son adictos mientras que entre el 70 y el 75% hacen un uso recreativo. Y los toxicólogos coinciden en que el consumo de drogas legales e ilegales crece durante el fin de semana: "Entre los viernes por la noche y los domingos por la mañana, atendemos en las guardias muchos más pacientes intoxicados", cuenta a Clarín Mónica Nápoli, toxicóloga del Hospital Penna y coordinadora del Centro de asistencia de adicciones Enrique Biedak. "Además, recibimos muchos otros pacientes por accidentes automovilísticos o lesiones de arma blanca o de fuego que también están intoxicados, mucho más con alcohol que con cocaína o marihuana", agrega. Que el asunto empeora los fines de semana, está estudiado: un informe del Banco Mundial de principio de mes indica que el 11% de los varones de entre 16 y 24 años tiene problemas de abuso con el alcohol y el 18,5 % toma en exceso los fines de semana. Lo cierto es que llegará noviembre y volverán las fiestas de egresados. Volverán las previas con arsenales de alcohol en la casa de algún adolescente para llegar entonados al boliche. Contarán que hay kioscos que hacen delivery de alcohol o que en muchas discos de provincia nadie les pide documentos para venderles un trago. Repetirán que si se los piden, tienen el otro: una fotocopia borroneada con liquid paper que miente una mayoría de edad, y una nueva copia que oculta las huellas. Dice Nápoli: "Este es el peor mes porque empiezan las fiestas de egresados. Ahora atendemos todos los días, no solo los fines de semana, muchos más adolescentes que llegan alcoholizados, a veces hasta el coma. Algunos vienen con intoxicaciones leves pero otras son tan graves que los puede llevar a la muerte". Lo cierto es que llegará noviembre y volverá la Creamfields. Y volverá el combo de anteojos oscuros, cuartitos de éxtasis, corazones acelerados y sed de litros de agua. Otros, los que profesan la cultura de tapar las angustias con psicofármacos, contarán que, a diferencia de las raves - en donde el éxtasis se esconde en las cavidades en las que nadie quisiera ser revisado-, no tuvieron que hacer ningún malabar para conseguirlos. Contarán que los ansiolíticos están en el botiquín de casa o en el mostrador del farmacéutico que olvidó que su venta es bajo receta archivada (según la Confederación Farmacéutica Argentina, el consumo de clonazepan aumentó el 20% durante los dos últimos años). Habrá quienes sepan qué puede mezclarse y qué no, y habrá otros que evocarán socarronamente una frase del ídolo, como se escuchó en los últimos meses: "Soy Charly García, tráiganme whisky y Rivotril".
PARA PENSAR Y TOMAR CONCIENCIA.