LAS TECNOADICCIONES EN ALZA

Así cuenta este fenómeno de las Tecnoadicciones el matutino La Nación de hoy:
"El vacío. El fin de todo lo conocido. La principal razón de un mal humor incontrolable. Así vivieron muchos usuarios de celulares la falla técnica de Movistar, que el lunes último dejó 16,7 millones de celulares incomunicados. El efecto fue más allá de las horas que duró la interrupción del servicio.
Además de los inconvenientes puntuales, miles de usuarios comprobaron que ese aparatito ejerce un poder impensado sobre ellos. Suelen llevarlo consigo a reuniones y no lo abandonan ni cuando salen a correr. No los incomoda usarlo en el baño ni que sea lo último que consultan antes de dormir. Es que el celular se convirtió en el eje de una forma de relacionarse con el mundo, y también en la raíz de un efecto que algunos especialistas se atreven a llamar el "síndrome de abstinencia de la hiperconectividad".
En casos extremos se traduce en insomnio, mal humor y en una enfermiza necesidad de chequear todo el tiempo si el sistema había vuelto a funcionar. No es para menos. En el último año se incrementaron en un 30 por ciento las consultas sobre tecnoadicciones, según confirmó a LA NACION el jefe de la Clínica de Adicciones del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco), Pablo Simone.
¿Existe tal cosa como la adicción al celular? Sí. "En los últimos tiempos creció en forma exponencial la consulta por tecnoadicciones, y el celular va a la cabeza. Siempre tiene que ver con personalidades adictivas, pero la comunicación que ofrecen los nuevos equipos tecnológicos tiene un poder adictivo mucho más fuerte", explica.
El especialista distingue entre los adictos al celular -aquellos que necesitan un tratamiento para poder controlar su patología- y aquellos que por estos días descubrieron que tienen una dependencia afectiva con el equipo. Ambos experimentaron una sensación de vacío, de incomunicación, cuando el sistema salió de funcionamiento.
Quienes recurren a ayuda de profesionales para superar esta adicción se someten a una terapia que intenta llevarlos a reencauzar el uso del celular, a limitar la cantidad de veces que se chequean llamadas y redes sociales por hora, a abandonar el hábito de llevarlo siempre en la mano, de ponerlo siempre sobre la mesa y de levantarlo y usarlo para gesticular. La combinación de teléfonos inteligentes y redes sociales es lo que torna más adictivo al dispositivo, explican los especialistas.
El año último pasará a la historia de la industria celular local como el del gran despegue de los smartphones , explica Enrique Carrier, director de la consultora de telecomunicaciones que lleva su apellido. "Los despachos de esos equipos superan un 124%, para llegar a la impresionante cifra de casi 2,5 millones de unidades", dice. Esto significa que uno de cada cuatro celulares que se venden hoy en día son smartphones .
Algunos ya se atreven a llamarlos s ocialphones, porque el principal uso que sus dueños les dan a estos equipos es la conectividad en las redes sociales. "Evidenciaron lo importante que resulta para los usuarios estar siempre en la Red, no perderse nada", dice Carrier.
En cuanto a Twitter, uno de cada tres usuarios se conecta a diario, contra dos de cada tres personas que se conectan desde un equipo móvil. "El celular puede despertar una forma de amor. Tiene un potencial adictivo muy fuerte por la inmediatez que ofrece. Además, porque es un aparato que nos comunica y no replantea, no señala una falta, no nos confronta con nosotros. "Simplemente nos conecta rápido con otros, nos obedece", asegura Simone.
Abstinencia
Fueron sólo unas horas. Tiempo suficiente para que Carolina, de 34 años, se asomara a la desesperación. De pronto, los mails dejaron de llegar. Facebook no tenía actualizaciones, no había nadie en Twitter y, lo que era peor, nadie llamaba ni contestaba a sus llamadas. Esto ocurrió el lunes pasado con los usuarios de la empresa Movistar.
Resultaba difícil imaginarse cómo sería un día de nuestras vidas, hace apenas unos cinco años.
"La conectividad permanente que generan los smartphones promueve la fantasía de la presencia -asegura la socióloga Ana Wortman, investigadora del Instituto Gino Germani-. Nadie está ausente ni lejos, no tengo que esperar para tomar una decisión. La velocidad de la información habilita a tomar decisiones que tienen consecuencias en lo inmediato. De ahí que consultores, ejecutivos, empresarios, emprendedores diversos han configurado un modo de ser trabajador, un modo de producir para los cuales los smartphones son imprescindibles."
La coordinadora del Centro de Asistencia, Capacitación e Investigación de Socioadicciones (Cacis), Alejandra Cattán, explica que, en ocasiones, la hiperconexión exagera la comunicación virtual a costa de los vínculos presenciales. "En definitiva, se está más aislado; mucha gente está conectada las 24 horas. De allí, el vacío", afirma."

Las tecnoadicciones crecen fuerte entre los argentinos

Este artículo de Clarín me pareció interesante, por eso lo comparto con ustedes.


 Las tecnoadicciones crecen fuerte entre los argentinos
El trastorno se manifiesta en quienes no pueden desconectarse del celular, la PC o la consola de juegos cuando lo deciden. Entre las adicciones sin sustancias, solo está por debajo de la ludopatía. Las consultas médicas aumentaron un 45% en 2011.
Martin Grosz - 17/02/12
Agustina siempre usó mucho la computadora. Jugaba en red, chateaba, usaba las redes sociales. Pero lo que es normal para cualquier adolescente en ella se hizo adicción. “Pasaba tanto tiempo encerrada que descuidé el colegio, me alejé de mis amigos y mi única compañía eran los participantes de un foro de Internet”, recuerda. Y cuenta que si en su casa intentaban limitarle el uso de la Web, estallaba: “Me largaba a llorar y trataba mal a todo el mundo. Hasta llegué a robarle el celular a mi hermano”. Frente a estas reacciones, sus papás recurrieron a expertos en adicciones y hoy Agustina ya está rehabilitada.
Lejos de ser rarezas, historias como la de Agustina llegan cada vez más a los consultorios. En la Fundación Manantiales, el año pasado se duplicaron las consultas por “tecnoadicciones” con respecto a 2010 . En el sector de adicciones del hospital Teodoro Alvarez, las consultas por uso compulsivo de Internet crecieron un 45% el último año y ya representan el 15% del total, solo por debajo de la ludopatía entre las adicciones sin sustancias. Y en la Red Asistencial Buenos Aires, el problema ya es objeto de entre el 20 y el 30% de los llamados . “Hay cada vez más casos”, coinciden.
Los que más consultan son padres preocupados porque sus hijos usan demasiado la computadora, en especial los juegos en red, el chat y las redes sociales. Pero también hay adultos de entre 20 y 40 años que se someten al tratamiento porque no pueden despegarse de la PC, el celular o las consolas, o porque usan Internet para concretar su adicción al juego, al sexo, al trabajo o a las compras.
“El avance de Internet potenció los trastornos que ya existían antes”, explica Alberto Trímboli, coordinador de Adicciones del hospital Alvarez. En la actualidad, su equipo atiende unas 15 consultas mensuales por el problema, de las cuales cerca del 65% termina con las personas afectadas en tratamiento.
Según el experto, lo que define el trastorno no es la cantidad de horas que alguien pasa conectado. “Hay adicción si el sujeto no puede desconectarse cuando lo decide , o cuando necesita hacerlo para trabajar, estudiar o dormir”, afirma.
“El tecnoadicto siente una necesidad creciente de estar conectado todo el tiempo”, asegura Susana Turati, psicóloga especializada en adicciones de la Red Asistencial de Buenos Aires. “Y ante la falta de conexión aparece el síndrome de abstinencia, con síntomas como nerviosismo, irritabilidad, agresividad y desesperación”, agrega.
Pablo Rossi, director de la Fundación Manantiales, cuenta que en su comunidad terapéutica empezaron a llegar consultas por tecnoadicciones hace diez años, con el auge de las consolas de videojuegos y las PC. Años después, recuerda, fue por la expansión de los cibercafés, donde chicos y adolescentes se encerraban varias horas a jugar en red. “Y hoy están los que no se aguantan sin revisar el mail y las redes sociales en los celulares, o gente que lleva su notebook a todos lados y vive buscando conexiones Wi-Fi sólo para sentirse conectada”, ejemplifica.
La dependencia puede ser muy fuerte, pero se supera . En los centros consultados, lo más común es que se trate en sesiones de terapia en las que se ayuda al tecnoadicto a limitar su uso de Internet. Eso puede combinarse con terapia familiar y tratamiento psiquiátrico. A veces, también, se trabaja en grupos para que los pacientes se apoyen durante el proceso.
“El tratamiento puede durar semanas, meses o incluso superar el año. La mayoría mejora después de los tres meses, pero se sigue con la terapia para prevenir recaídas”, comenta Rossi.
Para Agustina, el tratamiento fue muy duro: “Estuve un tiempo sin celular y sin computadora, y fue desesperante”, relata. Pero aguantó y, recaídas mediante, pudo recuperarse. “Ahora uso Internet para la facultad y por ocio, pero ya no dejo que consuma todo mi día. Aprendí a poner un tope”, concluye.

DRUNKOREXIA


La obsesión por la delgadez puede llevarnos por caminos insospechados; de la anorexia a la ebriedad, un paso; una problemática que afecta cada vez a más jóvenes.
Les recomiendo leer y cuidar a los jóvenes que viven en esta sociedad de consumo muy desorientados.

Interesante artículo en La Nación sobre Adicciones en nuestros chicos...

El alcohol, la marihuana y la tecnología son las tres adicciones más frecuentes entre los estudiantes secundarios. Y el consumo comienza cada vez a edad más temprana: entre los 12 y los 13 años.
Esa es la coincidencia entre docentes, directores, funcionarios, alumnos y preceptores, los que advierten también que es en el aula donde se detectan las primeras señales de una posible adicción. Cambios de hábitos, de vestimenta o de compañías, irritabilidad, somnolencia, descuido en el aseo personal, son algunos de los aspectos a los que un docente debe, o debería, prestarle atención cuando se encuentra en clase delante de los chicos. Los profesores admiten, además, que este problema creciente los llevó a adecuar el discurso y las acciones preventivas a un lenguaje más llano y "fácil".
Román Giacobini, director del Colegio Nuevo Las Lomas, de San Isidro, está acostumbrado al cambio de los chicos, pero no se resigna. "Cada vez tenemos que prestarles más atención -dice-. La primera cosa que uno tiene que mirar es la retracción social, ver que cada día el chico está más hosco y hacerle un mínimo seguimiento de al menos dos semanas para ver si fue un episodio pasajero o permanente, antes de llamar a sus padres. Y ese seguimiento lo hacemos todos los que integramos el colegio".
Tanto Giacobini como Silvia Hernández, directora de Inclusión Escolar del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, como María Reitroz, preceptora de una escuela de Don Torcuato y profesora en otra de San Miguel, el psiquiatra infantil Aldo Tamai y el doctor Eduardo Kalina, profesor titular del posgrado en Adicciones de la Universidad del Salvador, entre otros consultados, coinciden en que hay que estar alerta ante los siguientes "síntomas":
-Los chicos comienzan a dejar de hacer las cosas que hacían habitualmente.
-Se duermen en clase.
-Están mareados, somnolientos y suelen tener la marcha inestable.
-Excitación y charlas desmedidas o irritabilidad sin causa.
-Cambian los habitos y empiezan por la vestimenta: se compran ropas de acuerdo con la tribu a la que pertenecen.
-Descuidan su aseo personal.
-Episodios de violencia o de agresiones.
-Hay cambios en lo social: se van de su grupo a otro donde los bancan.
-Repiten el discurso del traficante: "Fumar marihuana no hace nada".
"El tema del alcohol es tan bravo -dice María Reitroz- que si hay una fiesta el fin de semana la propia escuela recomienda que el lunes no asistan. Con todo, para mí es peor el uso de la tecnología: hay una adicción tremenda al celular y no pueden vivir si eso."
Giacobini, en ese punto, agrega que saca de 20 a 30 celulares por día (de un total de 200 alumnos) y que le han pedido de rodillas -literalmente- que se los devuelvan. Reitroz explica que sus alumnos han experimentado el síndrome de abstinencia cuando se olvidan el celular o el sistema Wi-Fi se "cae". "Los chicos sienten cólera, comienzan a agredirse y no hay cómo pararlos", finaliza.
¿Cuándo, entonces, hay que comenzar con la prevención? "O se empieza en el nivel inicial y primaria o se acabó la prevención. Los británicos empiezan a dar charlas de alcoholismo a chicos de cinco años", dice el doctor Tamai. Para él, el mensaje por transmitir en estos primeros años debe ser simple y claro. Por ejemplo, hablarles de que el humo hace mal y jugar o hacer pequeñas experiencias participativas, como visualizar de qué manera se ensucia un pulmón con aire que no es puro.
"A partir de segundo grado -dice el médico- hay que aprovechar los componentes fóbicos de los chicos y estimular el miedo a las consecuencia del consumo de drogas. Estos mensajes son mucho más fáciles de aprender en estas etapas tempranas, antes de la adolescencia, porque es vital insistir con los conceptos para que se instalen."
Hernández cuenta que la ciudad de Buenos Aires tiene un equipo de prevención que recorre las escuelas, y admite que cada vez se empieza a consumir alcohol y drogas a más temprana edad. Y señala que, según las zonas de la ciudad, las drogas que se consumen son diferentes (en las villas son las llamadas "pesadas", como el paco o la cocaína) y que el alcohol se vende en todas partes, a pesar de que está prohibido.
Julieta T, de 16 años, alumna de un colegio inglés de la zona norte, pidió el anonimato y dijo que es muy fácil conseguir marihuana cerca del colegio y mucho más el alcohol.
Pero ¿cómo se aborda el tema con los padres? Giacobini dice que hay que tener mucho cuidado porque los padres no creen que sus hijos beban o se droguen. "Les decimos que hemos notado una serie de actitudes no habituales en él que pueden obedecer a un principio de adicción. Esto también lo hacemos para que no salga a matarlo al hijo ni lo estigmatice, sino que lo ayuden."
Tamai dice que a los chicos hay que enseñarles cómo "funcionan las neuronas, y cuál es la función de los neurotransmisores, ya que ambos se dañan con el abuso de sustancias. No tengan miedo de decirles palabras difíciles a los chicos, de hablarles de neurotransmisores; ellos aprender. Si pueden decir Ipod y puede decir Bluetooth, pueden decir neurotransmisores".
Kalina aconseja que de estos temas se hable en las escuelas y se los enseñe en un lenguaje adecuado a cada edad, que se hable del peligro de las drogas desde los primeros años de escolaridad y que los chicos vean a sus maestros como amigos y no como policías, "porque si no insistimos se dedican a trampear mejor y con mucha habilidad".
PARA TENER EN CUENTA
  • Síntomas : algunos de ellos son que los chicos cambian sus hábitos y de grupos sociales, están mareados o somnolientos, descuidan su aseo y son protagonistas de episodios de violencia.
  • Con los padres : si bien suelen descreer que sus hijos beben o se drogan, los maestros apuntan a que los adultos no estigmaticen ni castiguen a los jóvenes.
  • Para los maestros : aunque tienden a angustiarse en un primer momento, lo ideal es hablar con los alumnos fuera del aula. La prevención y el diálogo son esenciales.